martes, 14 de mayo de 2013

Carta después de la Conversión



Ahora cuando todo está en calma es cuando el verdadero dolor emerge, 
entre las rendijas de mis ojos se desprende en un río indomable mi alma, 
y entre más el silencio me acoge, la soledad brota aún más de mis poros. 

La inclemente tormenta ha comenzado y nunca ha de terminar, 
pues cuando el dolor ha mancillado el mismo núcleo de tu alegría, 
no es posible volver a mirar con la dulzura que alguna vez se tuvo. 

Y desde que las sombras son mi manto ya no hay cabida para lo puro, 
solo queda sumergirme en el fulgor nocturno y aceptar lo que soy, 
porque ya no queda en mí la alegría de ningún momento.


Ya mi corazón no late ni de tristeza ni de júbilo,
solo se ha vuelto frío y duro, 
simplemente dejar que la lobreguez hoy guíe mis pasos, 
y lleven mi alma a la tempestad de esta maldición. 


Al secar mi rostro siento que no es lo mismo, 
mirando ese tono carmesí profundo sonrío irónicamente, 
ya todo ha sucedido.

Justo en ese instante, esa sed de venganza que proviene de aquel rojizo bebedizo, 
es donde todo toma sentido, he transmutado mi esencia por fin,
Ya no soy lo que me hacía débil, ahora soy lo que tanto temía y que ahora comprendo

He dejado de ser triste para ser la tristeza, 
He dejado de estar solo para ser la soledad, 
de sentir miedo para ser lo que siempre fui. 

Y para cumplir completamente aquella metamorfosis, 
borraré de mi mente y de este mundo lo que me ata a mi existencia débil,
y por fin seré libre para que mi esencia cubra aún más de pánico las noches,

Si estás leyendo esto es porque pronto serás una sombra más en mi mente, 
tu dolor romperá el grillete y me dará más fuerza.

Espero que lo disfrutes tanto como yo.

Atte. Charles.