lunes, 16 de septiembre de 2013

Lo que un Roble me Enseñó


Un roble que se planta recto, robusto y orgulloso me recuerda que las palabras al viento son solo eso, palabras, que solo deberían mover mis hojas, unas veces grácilmente otras veces violentamente, pero que como el viento al roble, no podrá jamás quitarlo de sus raíces. Toma lo dulce del aroma, toma el polen de la vida y vuélvelo flores.

Toma la calidez del sol, siéntela a flor de piel, nútrete de su abrigo, siente la luz que irradia y que da claridad a todo lo circundante, no dejes que su intensidad te abrume, porque lo caluroso en exceso se torna quemante, se torna seco y peligroso. Refúgiate bajo su manto pero no habites en el.

Expande tus raíces hasta hallar tu esencia, toma lo que necesites, pero no te adentres tanto en lo profundo, toma lo necesario, que lo excesivo se traduce en veneno para el alma, recuerda de donde vienes, recuérdalo para reconocer tus orígenes pero no para atormentase.

Reconoce la frescura del agua, ya sea en lluvia o en un lago, reconoce su fluidez y su caricia tranquilizadora, vive su camino titilante y aprende a sortear los obstáculos a partir de rodearlos plácidamente. no permitas que la turbulencia desdibuje tu norte, no dejes que te abrume su caudal y sucumbas al ahogamiento.

Pero recuerda siempre que lo importante es vivir, dar sombra a los otros, ser un abrigo para aquellos que te devuelven con trinos, la belleza radica en la autenticidad al ser y al dejar ser.