martes, 29 de octubre de 2013

El Octágono Onírico


Es un día normal, como cualquier otro, después de un día de trabajo, una noche de estudio me hallo sobre mi cama mirando al techo deseando ver las estrellas, justo en ese momento cuando las obligaciones no son obstáculos para los pensamientos, emociones y deseos, justo en ese momento en donde se separan las personas tranquilas de las que no la están, se que no estoy tranquilo, si por el cansancio fuera ya habría colapsado en aquella cama, me levanto y voy al baño a lavarme la cara con la estúpida ilusión que así desaparecerán mis angustias.

Al mirarme al espejo observo como sombras se posan a mi alrededor, todas parecen ser familiares, a pesar que sus rostros están cubiertos por una capa, que se extiende por sus borrosas figuras. Instintivamente volteo y doy fe que solo me encuentro en aquel lugar, al volver a mirar el espejo encuentro únicamente mi pálido reflejo ante tal evento inexplicable que ha hecho temblar hasta la última célula de mi cuerpo.

Paranóicamente volteo a mirar por el pasillo, no encuentro nada, acelero el paso hacia mi cuarto, respiro un poco y me digo a mi mismo que de pronto fue un producto de imaginación o que ya he sido presa de mi cansancio y he empezado a soñar despierto. Al cabo de un rato y tras poner el televisor en algún canal de música, apago la luz y dejo que el sonido me arrulle, siento como poco a poco quedo profundamente ensimismado en la tierra de Morfeo.

Al abrir mis ojos me encuentro en lo que parecía ser un bosque, ahora un pantano putrefacto, veo como poco a poco la monotonía consume la magia del asombro, veo como poco a poco se va el color dando paso a lo gris. Tras seguir rió arriba se encuentra una fortaleza rocosa, sobre la gruta hay un escrito gravado, el escrito esta en un lenguaje desconocido, pero extrañamente reconocible a la vista, me sentía como en casa.

Al adentrarme más y mas entre la roca profunda llego a una recamara en forma de cúpula, en donde justo entre pilares de piedra natural se observa una mesa octagonal, justo arriba se encuentra un cristal de cuarzo, en el punto donde la circunferencia del techo encontraría su centro. De repente esas sombras encapuchadas, siete para ser exactas, hacen una venía y al cabo de indicarme uno de los lados de la mesa se aproximan a la misma. Tras ellos llegar al lugar cada uno de ellos de sus túnicas sacan una gema, cada una de ellas de una tonalidad distinta pero que se encuentra opaca como si carecieran de luz propia impidiéndome reconocer de manera clara sus colores, instintivamente busco en mis bolsillos cómo si hubiera perdido las llaves de casa, y encuentro una piedra de onix, con un color negro profundo que pareciera que consumiera la luz al rededor.

Al detallar mas detenidamente la mesa veo como hay lineas gravadas en cada uno de los lados, unas son continuas otras no, siempre de a tres por cada uno de ellos. y al elevar mi gema hacia el lugar cristalizado donde se veía poco a poco a  incrementar la intensidad de la luz de la luna, pude ver que el tono opaco de mi gema realmente era de una tonalidad roza, como un cuarzo rozado que por alguna extraña razón se había tornado negro como el onix.

Al cabo de un rato los murmullos hacen gritos sincronizados y las gemas danzan en el aire dibujando un circulo, y la luz de la luna llega a su momento más álgido, cegando por completamente mis ojos en un destello inmenso y al cual todo queda en un silencio sepulcral, poco a poco siento cómo mi cuerpo pierde sensibilidad, y mientras me levanto lentamente al suelo observo como los destellos de las gemas girantes se posan sobre la mesa justo entre el borde de la mesa y su respectivo símbolo gravado en tres lineas.

Al unisono los siete encapuchados dicen que es hora de escribir en claroscuro pero de una manera consciente, al pasar del tiempo observo como la luz de luna a manera de manto me recubre, siento la calidez de su luz y su pureza. mientras que una gema de color blanco se forma sobre mi frente, posteriormente la oscuridad que residía en aquellas gemas se vuelve una capa y me cubre de nuevo, siento todo lo que alguna vez negué de mí...esos fracasos, esos sueños inconclusos, esos errores que no me perdono...y de los cuales por fin soy libre. Tras esto veo como me he transformado en otro encapuchado más y del giro claroscuro un nuevo símbolo se ha hecho en la mesa, siempre girante siempre movilizador.

Desciendo lentamente del aire a voluntad y escucho de una manera ensordecedora: "Nunca olvides quien eres y la magia que en tu interior mora"...después un relámpago me hace abrir de inmediato los ojos, presa del agite, respiro profundamente mientra limpio el sudor de mi rostro mientras veo que cae al suelo una piedra ajedrezada.