martes, 4 de febrero de 2014

Reflexiones sobre la esperanza y la ausencia de sabiduría

Hay heridas que en el tiempo yacen encriptadas, que la luz de la experiencia al cauteloso revelan o al incauto le sangran...quien diría que de toda nuestra infancia donde se encuentran la mayor parte de nuestras cicatrices es en nuestra alma. Puesto lo que creemos ya resuelto, ya saldado, ya dejado a un lado y olvidado solo necesita de un torpe movimiento que abra los puntos y del dolor y sangrará de nuevo.

Y aunque parezca increíble lo que en aquellas cicatrices hace de escalpelo es la esperanza... esa esperanza que tenemos en nuestros sueños, sobre los encuentros y los arreglos, de las paces y de las reconciliaciones, aunque en algunos de los casos sin razones estas ideas en pie se mantienen.

Muchas veces perdonamos, muchas veces nos hace falta perdonarnos también, pero considero que parte de la madurez, así nos duela, es aceptar que la inocencia en algunas circunstancias es lo que abre el paso a un ciclo interminable de sufrimiento, porque nos arroja a creer solo con el animo de seguir creyendo, con la idea en mente que solamente con nuestra voluntad bastará, incluso, los que se jactan del conocimiento muchas veces hacen a un lado sus intuiciones y conclusiones solo porque sería simplemente más satisfactorio el buscar que estos fantasmas de anhelos perdidos y reconciliaciones absurdas sean reales así sea únicamente en nuestra mente, en nuestras convicciones.

Estas heridas laceran el alma y la forzan a buscar sanearse muchas veces con el resultado de volverse presas de la necesidad de escapar del dolor... Aquellos que renuncian y portan con orgullo sus heridas como si fueran guerreros nórdicos se regodean en su sufrimiento cómo si eso los hiciera más proclives a una muerte honorable, pero lo que ignoran es que implícito yace hay un peligro inminente, puesto que tras seguir los pasos de  los hijos de Odín y la búsqueda de una muerte honorable causada por por una herida fatal, y lo más triste es que no la encuentran, solo construyen esas historias que parten el alma en varios pedazos y que en nombre de la búsqueda de la gloria quedan hechos ruinas e incapaces de morir realmente.

Hay un peligro incluso mayor tras ver como el alma de cicatrices se torna, al punto que un ser se transforma en un horizonte de sucesos, en donde la única salida posible es el ser uno con la nada, donde no hay emoción ni peligro, donde lo inerte a cobrado su muerte sin que te des cuenta puesto que por el escape al dolor también has escapado a la vida misma, renunciando a tu particularidad, a tu esencia, llevando a un destino peor que la muerte odinista, el hecho de dejarse morir lentamente dejándose caer en la vacuidad.

Por eso ruego por la templanza y la paciencia para poder ver las flores florecer sin dejar que el tiempo sea un veneno de esperanzas, sin que mi alma se rompa en el proceso. Porque creo en el amor y en que este se construye día a día, que los sueños irrigan las acciones, que las acciones muestran en verdad lo que sientes mucho más de lo que dices. Y es por eso que se que aún en tu tiempo un poco paciente para mi voluntad de fuego, se que te espero, porque en últimas lo que importa es que te amo.