miércoles, 24 de julio de 2013

Sabor a almendras


Era una noche prístina llena de magia y de luz, y tras un acuerdo dos almas se encontrarían en aquel sitio entre música y copas, algunos pierden la conciencia otros inadvertidamente se sumergen en el mundo de la pasión, algunos mas voluntariamente que otros.

Él tras un día de trabajo, cuelga los últimos rastros de monotonía en su armario, toma un traje de esos que son apropiados para mostrar interés mas no desesperación, lo tiende sobre la cama mientras escoge una fragancia ácida para despertar curiosidad en las narices atentas e intrépidas y la rocía sobre su traje, posteriormente toma una cálida ducha para espantar las dudas y los pensamientos fríos, balbucea algunas canciones de ensoñaciones a medias mientras imagina lo que ocurrirá esta noche.

Tras haberse preparado, toma de su cajón un chocolate meticulosamente escogido, de almendras, como para ser dulce y crujiente, como él esperaba que fuera esa noche, la cual parece particularmente fría como para que aquellos que se aventuran a salir decidan buscar el calor en brazos de otros.

Tras cruzarse las miradas por fin, después de tantas lunas, una sonrisa entremezclada entre nostalgia y satisfacción se dibujan en ambos rostros, nostalgia por el tiempo que ha pasado y satisfacción porque el devenir del tiempo les ha jugado una buena pasada y una mirada cómplice a comenzado, al principio por la admiración que la belleza hace sobre los cuerpos solitarios, después por el interés que causa un buen relator quien de experiencias y de conocimientos se arma para elaborar un delicioso cóctel de palabras que entra suavemente por lo oídos y poco a poco empieza a cautivar la mente, mientras poco a poco el alcohol ablanda las resistencias, suaviza las terquedades y da rienda suelta a los anhelos de la voluntad.

Tras ser presa del deseo se agudizan los sentidos, ella en un traje negro que se ajusta a su esbelta figura, con una sonrisa tan clara como la luna, cabello oscuro como la noche, labios tintados del color del vino, todo mientras narra en una melódica voz de sirena sus andanzas por el mundo, sus sueños, sus esperanzas y deseos, sus inconformidades y sus luchas; simplemente un cuadro que te cautiva hasta el último de tus anhelos, todo mientras miras con desdén el fondo vacío de una copa que pronto habrá de ser remplazada implorando que a al siguiente dejes de hablar de tus sueños, tus anhelos, tus experiencias, porque eso es algo que ya conoces bien y si bien lo que ella musita es supremamente interesante, ya han despertado tus bajos deseos y requieres algo mas de aquellos labios.

Mientras viene la siguiente copa, él toma el chocolate en manos ya aventuradamente lo entrega bajo la condición que debe probarlo esa noche, ella sonríe un poco, lo toma entre sus manos y parte un pedazo lo pone delicadamente entre sus labios y poco a poco se ve como se consume por su dulzura, con una cara de complacencia mira intensamente, mientras un trozo de chocolate sale tímidamente contrastando con sus labios,  casi instintivamente el se acerca y  de manera gallarda toma el trozo de aquellos labios, mientras la música en vivo estalla, la gente se mueve, y todo esto queda encubierto.

Tras esto, la conversación muta a los juegos de manos y a los silencios, a viajes entre roces y caricias, para ese momento ya estaba ahí, ese timbre dulce que genera cuando en silencio todo parece encajar. poco a poco se pierde la voluntad y las manos y los labios presos del instante han quedado, se ha tornado difuso todo y entre parpadeos el hombre mira como salen de la mano del sitio, es una sensación extraña, no han sido las copas, no ha sido nada que pueda reconocer, solo queda ese sabor a almendras.

mientras se mueven por la ciudad con un rumbo desconocido, entre caricias y besos de satisfacción, de alegría, una duda rompe la armonía, con tono de agotamiento, ella lo aparta y le dice que ya ha sido suficiente, le sonríe y se recuesta sobre sus piernas, nada fuera de lo habitual, al cabo de un tiempo el queda profundamente dormido...

Al abrir de nuevo los ojos se encuentra en un cuarto desconocido, sus muñecas habían sido atadas con una seda entre rojo y negro, su camisa abierta en par, al intentar mover las piernas se siente impotente al darse cuenta que su cuerpo se encuentra completamente inutilizado, al cabo de unos cuantos forcejeos un suspiro rompe el silencio, está completamente atrapado. Por la puerta del cuarto se acerca la hermosa dama del sitio con una sonrisa en el rostro, se acerca al cuello le da un beso y le dice:

-Ya fue suficiente, puedes irte.

El hombre confundido mira a la mujer mientras ella libera sus muñecas, le da un beso a manera de despedida y esta desaparece al instante. tras recobrarse del embrujo se incorpora de la cama y lo primero con lo que se topa es con el suelo al perder el equilibrio, justo ahí hay una nota con un teléfono, un beso y una cara sonriente. El hombre recoge la nota, la guarda en el bolsillo izquierdo de su camisa, toma sus cosas y  como quien deja a un lado a un muerto desaparece también del lugar.

Tiempo después entendí de que se trataba, porque ese hombre cada dos o tres días llama a aquel número donde nadie responde, después apesadumbrado sale a la ventana y mira a la luna como quien busca en sus memorias al cielo entregar.

La esperanza es dulce como las almendras, es suave como entra y entremezcla lo cotidiano, con lo etéreo y arcano; es un aderezo seductor con cualquier trago, pero en manos de un inexperto o de un insensato puede ser el mas poderoso veneno, este no mata al cuerpo, mata el alma y poco a poco te haces resistente a sus efectos, haciendo que cada vez sea más difícil que vuelva a seducirte con su dulce textura y sabor, se vuelve poco a poco en cianuro de ilusiones del cual el perdón es su único antídoto.